Después de mucho esfuerzo y sacrificio pero solo por la misericordia de Dios, acabé mis estudios de teología el año 2000 en la universidad Adventista de Bolivia, donde también los inicié, llegue a ser el mejor alumno de mi curso, de la facultad y también de la universidad, fui reelecto presidente de curso durante todos los años de estudio, ante los ojos de mis profesores, pastores, amigos, compañeros, familiares y aun hermanos de iglesia, llegue a ser un “excelente joven”.
Usando las bendiciones que Dios me había dado y creyendo que mi capacidad intelectual y de liderazgo eran de mi propiedad, comencé a trabajar en la iglesia de Dios, que para ese entonces era mi iglesia. Libre de problemas morales, cargos de conciencia o “pecados” que me acompañen me sentía el mejor siervo de Dios en este mundo, tenía la plena seguridad de que Dios me había elegido para ser su siervo y por lo tanto comencé a vivir de acuerdo a esta convicción, como consecuencia lógica conseguí destacarme en los resultados que la organización espera, esto me llenaba de alegría y mi convicción del llamado divino aumentaba mas y más en mi.
Siendo trabajador, amable, cortés y obediente conseguí que la sociedad que me rodeaba viera en mi un buen siervo de Dios, nunca me sentí vació o con falta de algo en mi vida, estudiaba mi Biblia, oraba y hacía obra misionera, no me faltaba nada, y aunque nunca lo mencionaba y ni siquiera lo pensaba muy dentro de mi aun oculto de mi propia mente creía estar listo para vivir en el cielo con nuestro Dios al cual servimos.
Hoy al pensar en el pasado, imagino a nuestro buen Dios observándome con tristeza, viendo en mi, a un pecador perdido que está a punto de condenarse eternamente, libre de actos pecaminosos, sincero en sus sentimientos, pero que conciente o inconcientemente alberga en su ser el mismo sentimiento que un día llevó a Lucifer a su situación actual.
El orgullo, el origen de todos los actos de maldad, en mi vida había tomado un nuevo rostro, se había convertido en el origen de todos los actos de bondad, que astuto es el enemigo de Dios, me hizo creer que estaba salvo, me hizo vivir como un salvo en esta tierra, pero sutilmente me había envenenado con su propia maldad y me estaba condenando para sufrir su mismo destino final.
Agradezco a nuestro Dios que sin importar nuestra condición cumple su promesa, él dice “sobre ti fijo mis ojos”, que gran alegría, saber que Dios nos observa, con alegría o tristeza, pero el nos observa, no para simplemente mirar nuestra condición sino para “enseñarnos el camino en que debemos andar”, muchas veces nuestra visión limitada nos hace ver que estamos en el camino de la salvación, pero solo es Dios quien observa el panorama completo y solo él sabe el camino en el que realmente nos encontramos, por tal motivo conviene que sea él quien dirija nuestra vida, pero que difícil resulta eso aun para los siervos de Dios.
Mientras realizaba mi trabajo con gran alegría comencé a pensar en mi, pensé que debía preocuparme por desarrollar y usar los dones, talentos y aptitudes que Dios me había dado, pensé que en la posición en la cual me encontraba nunca podría lograr el desarrollo que anhelaba, comenzamos a orar con mi familia y tomamos la decisión de renunciar al trabajo que Dios nos había dado, entramos en contacto con una universidad extranjera, presentamos nuestros papeles y fuimos aprobados, nuestro objetivo era estudiar de corrido la maestría y el doctorado, para servir mejor y con mayor alcance a nuestro creador, vendimos todas las cosas que Dios nos había dado, con un mes de anticipación presentamos la carta de renuncia y luego de ese tiempo estábamos listos para viajar. Todo esto ocurrió mientras me encontraba en Trinidad – Bolivia.
Siendo yo de nacionalidad Peruana, dejé a mi esposa en Cochabamba y viajé al Perú por dos importantes razones, primero; despedirme de mis familiares cercanos y segundo; conseguir algo de dinero a través de la venta de una herencia. Por providencia divina, antes de partir al Perú, se me aconsejó hablar con los administradores de la Unión Peruana, obediente al consejo y una vez en el Perú fui a entrevistarme con el ministerial de la Unión Peruana. Pastor al cual conocí de niño y quien me animó y me aconsejó a quedarme en el Perú.
Luego de una larga entrevista en la cual cambiaron algunas formas de pensar mías, tuve la oportunidad de hablar y conocer al Presidente de la Unión Peruana, quien me recibió con mucha familiaridad, me hizo sentir parte del equipo misionero de su Unión, me dio la oportunidad de ayudar durante las semanas de cosecha con las que estaban comprometidos, invitación que no acepté inmediatamente debido a que iban de forma directa contra mis planes y aspiraciones.
Durante el resto del día y la noche hable nuevamente con Dios respecto a mis planes, pero esta vez, añadí algo, le pedí que éstos sean realizados solo si estaban de acuerdo con los planes de él, pero que si sus planes eran diferentes entonces el guíe la situación de acuerdo a su voluntad.
Al día siguiente al revisar mi correo electrónico encontré una carta que me sorprendió, en solo unos segundos comprendí que se trataba de una respuesta Divina, en ella se me informaba que los cursos de ingles, necesarios para continuar mis estudios estaban siendo suspendidos, que no podría estudiar el ingles allí, debía hacerlo en mi país o en otra institución, este inconveniente me obligaba ingresar solo a inicios del año 2006, seguro de la voluntad de Dios, llamé a mi esposa a quien comuniqué todo lo ocurrido, los dos sin dudar y sin saber lo que Dios deseaba para nosotros por primera vez ejercimos fe en Dios, sin trabajo y sin posibilidades de estudiar, es decir sin nuestras manos en el timón de nuestras vidas dejamos que Dios se haga cargo. Ofrecí mi ayuda para apoyar en las semanas de cosecha y viajé a Bolivia para traer a mi esposa e hijas.
Llegamos a Lima el 04 de Junio del año 2004, nos instalamos en un par de cuartitos a medio construir y comenzó una nueva etapa en nuestra vida, por primera vez nos encontrábamos en una situación tal, sin trabajo, sin planes, sin conocidos, poco antes todo ello era la base de nuestro vivir, pero ahora que no teníamos nada de eso, comenzamos a apoyarnos solo en Dios y en nadie mas.
Oramos y lloramos delante de Dios, pudimos ver que nuestra desconfianza nos llevó a poner las manos al timón de nuestras vidas, pedimos que él nuevamente dirija nuestro hogar y nos muestre el camino por el que debíamos andar, el Espíritu Santo nos hizo ver que aunque aparentemente salvos, el orgullo se había escondido aun para nuestros ojos dentro de nuestro corazón y nos estaba conduciendo directamente a la muerte. Nos arrepentimos por todo ello y pedimos que Dios realice una transformación en nuestro ser. Fueron momentos inolvidables en los que sin trabajo, sin futuro marcado y sin comodidades pudimos experimentar a nuestro creador, comenzamos a sentir la seguridad de que Dios nos estaba observando y que él se haría cargo de nosotros, comenzamos a sentir alegría, gozo, seguridad, como nunca antes la habíamos tenido. Que maravillosa experiencia.
Llamé para ver cuando podría ayudar en las semanas de cosecha, me dieron la fecha, el lugar y me aconsejaron que hablé con el Decano de la Facultad de Teología de la UpeU, dijeron que había la posibilidad de realizar un trabajito en la facultad y estudiar al mismo tiempo la maestría en la UpeU, obediente al consejo fui a presentarme para una entrevista, efectivamente el trabajo existía, no era remunerado, es decir estaba pensado para un joven soltero que viva cerca y desee continuar estudiando, no estaba pensado para alguien con familia como era mi caso, por lo que no pude tener acceso a ese trabajo, volvimos a casa algo tristes pero confiando en Dios, dijimos, él se encargará de nosotros.
El día 11 de Junio viajé a un centro de predicación para una semana de cosecha, un grupo hermoso de hermanos consagrados a Dios me dio la bienvenida, luego de una semana de cohabitar con ellos, de predicar y visitar, quien aprendió mas fui yo, aprendí lo que era la humildad al observarla en la vida de algunos hermanos. Pude comprender lo que Dios quiere de sus hijos cuando nos pide que seamos “humildes de corazón”.
Al retornar a mi casa, conté a mi esposa lo que Dios me había mostrado y nuevamente pedimos a Dios que nos ayude a mejorar, que transforme nuestra vida, pedimos que nos ayude amar a todos por igual, a aceptarlos sin importar la situación en la que se encuentren, agradecimos a Dios por enseñarnos algo mas, pedimos a Dios que nos siga mostrando nuestros errores y que siga produciendo en nuestras vidas el “querer y el hacer su voluntad”. Seguros de que había muchas cosas por mejorar, cambiar, aprender y que sería Dios quien se encargaría de ello, emprendimos una nueva etapa en nuestra vida.
El día 19 viajé nuevamente para Huanuco junto al Secretario de la Unión Peruana, Dios me dio la oportunidad de compartir esa semana con otros hermanos de los cuales también aprendí mucho. Luego de una semana de trabajo estuvimos de vuelta a Lima el día Domingo 27, llegamos con el deseo de servir a Dios en lo que él disponga, mi oración ahora era “Señor que se haga tu voluntad y no la mía” y Dios que siempre nos responde, respondió también esa oración.
El día lunes 28 me encontraba en la unión, haciendo los informes misioneros y económicos de las dos semanas pasadas, y mientras los realizaba ocurrió lo inesperado. Una llamada telefónica de la UPeU dio un previo aviso sobre mi situación futura, se comentó que debía presentarme a trabajar en la UPeU el día martes 29, cosa que para mi era imposible de creer, por mi mente solo pasaba la conversación con el Decano de la Facultad de Teología, así comenzó mi alegría por el milagro divino, esto se confirmó cuando recibí la llamada del Secretario de la Unión Peruana comunicándome oficialmente que efectivamente trabajaría en la UpeU, pero mi alegría pasó a ser en verdad un gozo que me obligó a derramar lagrimas cuando se me dijo que mi responsabilidad sería la de Preceptor Asociado en el Hogar de Varones, la noticia fue inesperada y desconcertante en ese momento para mi, solo pude agradecer a Dios por el milagro, ya que no encontraba explicación de cómo es que ocurrieron las cosas.
Tuve la oportunidad de hablar con aquel que propuso mi nombre, me contó que luego de que se mencionó mi nombre todos preguntaron ¿Quién es Benjamín Rojas?, era una pregunta lógica ya que nadie conocía a este nuevo elemento, luego de contarme eso él me preguntó si alguna vez había sido interno, demostrando de esta manera que ni él me conocía, pero lo que nunca olvidaré es lo siguiente que mencionó, “Benjamín no te preocupes en agradecerme, no fui yo, fue Dios, es Dios quien hace las cosas, consagra tu vida a él y vive en humildad”, que difícil tarea de hacer, hoy me veo y veo tantas cosas por mejorar en mi vida, pero si antes no lo entendía, hoy se, que “no soy yo, sino Dios”, dejó que el produzca los milagros en mi vida y seguro de que “él tiene sus ojos puestos en mi”, sin importar mi situación espiritual, camino en esta vida confiando que “él mostrará el camino que debo seguir”.
Vivir bajo la protección divina da mas seguridad que vivir bajo nuestro propio sistema de seguridad, dejar que los sueños que él tiene para nuestra vida se hagan realidad produce mas gratificación y remuneración que realizar nuestros propios sueños, colocar a Dios en el lugar de Dios y colocarnos en el lugar de hombre, nos coloca en la mejor posición en este mundo, posición que Dios siempre pensó para ti y para mi.
Deja que Dios te bendiga y así podrás ver tu vida llena de experiencias en las que observaras a nuestro Creador en acción.